Por Raúl González Nova
Almoloya de Juárez.– El gobierno municipal de Adolfo Solís Gómez muestra señales claras de colapso. No se trata de una opinión aislada ni de una postura personal: es el reclamo constante de vecinos, comerciantes y ciudadanos que observan cómo la administración se hunde en el desorden, la omisión y la falta total de autoridad.
En Almoloya de Juárez nadie pone orden. Los regidores callan, el presidente municipal no da explicaciones y la Contraloría Municipal, que debería ser el freno a los abusos, simplemente no aparece. En este vacío de poder, el uso de recursos públicos se ha convertido en tierra de nadie.
Ciudadanos han documentado y difundido el presunto uso indebido de vehículos oficiales, unidades pagadas con el dinero de los contribuyentes que, lejos de estar al servicio de la población, son vistas en días festivos, fines de semana y fuera de horario laboral realizando actividades privadas. No hay informes, no hay comunicados oficiales y, sobre todo, no hay sanciones visibles.
Entre los casos que más indignación han provocado se encuentra el del director de Movilidad y Transporte, Eduardo Gómez Ruiz, a quien vecinos señalan por utilizar una camioneta rotulada del Ayuntamiento para fines personales, situación que quedó evidenciada en imágenes que circulan públicamente. En dichas fotografías se observa una unidad oficial cargada con ganado, un hecho que ha encendido la molestia social y que exige explicaciones inmediatas.
Las imágenes están ahí. No son rumores, no son chismes y no son ataques políticos. Son hechos visibles que hoy nadie dentro del Ayuntamiento ha querido aclarar. Y cuando un gobierno guarda silencio ante evidencias públicas, el silencio se convierte en complicidad.
La administración de Adolfo Solís Gómez comienza a ser señalada por amplios sectores ciudadanos como una de las más desordenadas y decepcionantes en la historia reciente de Almoloya de Juárez. No lo dicen los medios: lo dicen las calles, lo repiten los vecinos y lo confirman quienes hoy reconocen haberse equivocado al confiar su voto a Morena.
Mientras el alcalde y su cabildo sigan fingiendo que nada pasa, el desgaste político será irreversible. Almoloya de Juárez no solo enfrenta un problema de administración, enfrenta un gobierno que perdió el control, la credibilidad y el respeto de su propia gente.

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