En el PRI de Almoloya de Juárez, sumar traiciones también resta

Por Raúl González Nova 

La crisis del priismo en Almoloya de Juárez no es casualidad ni producto del azar. Tiene nombres, decisiones y omisiones muy claras. Una de ellas es la forma en que hoy se conduce su presidente municipal del partido, Enrique Fuentes Hernández, quien parece haber perdido la brújula política con la que debería guiarse si es que el PRI aspira, algún día, a regresar al gobierno.

Después de más de un año de abandono al priismo local, Enrique Fuentes reaparece no para fortalecer estructuras, ni para reagrupar a la militancia histórica, sino para apapachar y proteger a quienes han traicionado al partido.

El caso más evidente es el de María Luisa Hernández, novena regidora, conocida por haber renunciado al PRI para irse al Partido Verde, donde no encontró refugio político, y posteriormente formarse en Morena, evidenciando que su lealtad no es a un proyecto ni a una ideología, sino a la conveniencia del momento.

María Luisa Hernández es identificada además como gente cercana a Miroslava Contreras, y su historial político está marcado por el oportunismo. Aun así, el presidente del PRI decidió presumir en redes sociales una reunión con ella, como si se tratara de un logro o un éxito político.

“El día de hoy me reuní con María Luisa Hernández, novena regidora de mi querido municipio de Almoloya de Juárez, temas políticos relacionados con nuestro instituto político”, publicó Enrique Fuentes.

La pregunta es inevitable:

¿De verdad cree el dirigente priista que la militancia y la ciudadanía van a celebrar que se le abran las puertas a quienes abandonaron, traicionaron y utilizaron al PRI como escalón?

En política, sumar sin principios también resta, y en este caso resta credibilidad, resta congruencia y resta confianza. Hoy, este tipo de gestos no fortalecen al PRI, lo exhiben como un partido sin memoria, sin dignidad y sin rumbo.

Por eso no sorprende que la gente ya no crea en este tipo de “disque políticos”, que presumen acuerdos de escritorio mientras el priismo de base sigue olvidado, desmovilizado y decepcionado.

Si Enrique Fuentes Hernández pretende que el PRI vuelva a gobernar Almoloya de Juárez, primero tendría que entender que la lealtad no se negocia, la traición no se premia y la memoria política no se borra con una foto en redes sociales.

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