Por Raúl González Nova
Almoloya de Juárez, Estado de México.— Arrancó una obra de bacheo y rehabilitación sobre la vialidad Almoloya-Toluca, en el tramo que comprende desde el penal de Santiaguito hasta la cabecera municipal, una de las vías de mayor importancia para la movilidad de habitantes y transportistas.
De acuerdo con lo anunciado, los trabajos contemplan el bacheo y aprovechamiento del asfalto existente mediante reciclaje, con el objetivo de mejorar las condiciones de circulación y prolongar la vida útil de la carpeta asfáltica.
También se contempla la rehabilitación del alumbrado público mediante tecnología solar, así como la transformación del camellón en un llamado eje verde, donde se prevé la plantación de lavanda y romero, especies que pueden favorecer la presencia de abejas y otros polinizadores.

Esperemos que no sea otro “bachetón” de fotografía como el año anterior 10 millones de pesos tirados a la basura
La obra, sin duda, es necesaria. Sin embargo, para los habitantes de #AlmoloyadeJuárez la pregunta obligada es: ¿cuánto tiempo durará realmente el trabajo y cuál será su calidad?
La ciudadanía ya ha escuchado en otras ocasiones anuncios de grandes programas de bacheo y rehabilitación vial. Por ello, más que fotografías del arranque, lo que se espera son resultados visibles, duraderos y transparentes.
Y aquí vale la pena recordar el caso del #BulevarColibrí, donde algunos de los trabajos de reparación que se realizaron ya presentan deterioro y hundimientos, como se puede observar en la imagen que acompaña esta publicación.
La preocupación es sencilla: que la historia no se repita.
Porque si se recicla el asfalto, se colocan luminarias solares y se anuncia un eje verde, pero los baches regresan en pocos meses, entonces estaremos nuevamente ante una obra de maquillaje y no ante una solución de fondo.
La vialidad Almoloya-Toluca requiere mantenimiento serio, materiales adecuados, supervisión técnica y transparencia en el uso de los recursos públicos. No basta con tapar un bache; hay que garantizar que el trabajo soporte el tránsito diario y las condiciones del camino.
El discurso puede ser verde, las luminarias pueden ser solares y el asfalto puede ser reciclado; ahora falta que también se recicle la confianza de los ciudadanos en las obras públicas.
La pregunta queda sobre la mesa: ¿será una rehabilitación que realmente dure o tendremos que esperar nuevamente a que los baches hablen por sí solos?
Porque una obra pública no se mide por el acto de inauguración ni por las fotografías del arranque, sino por cuánto tiempo permanece en buenas condiciones y cuánto beneficio real le deja a la ciudadanía.

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