VERDADES, COMENTARIOS Y ALGO MÁS

ADOLFO SOLÍS Y LA MEMORIA POLÍTICA: CUANDO EL PASADO RESULTA INCÓMODO

Del PRI al Verde y hoy cercano a la transformación: la historia política también tiene archivos

Por Raúl González Nova

ALMOLOYA DE JUÁREZ, MÉXICO.— Hay algo que la política nunca ha podido controlar: la memoria.

Los discursos pueden cambiar.

Las camisetas partidistas pueden cambiar.

Los aliados pueden cambiar.

Pero los archivos, las fotografías y los documentos tienen un defecto terrible para algunos políticos: no cambian de opinión y tampoco tienen amnesia.

Y esto viene a cuento por las recientes declaraciones del presidente municipal de Almoloya de Juárez, Adolfo Solís Gómez, después de acudir al Tercer Informe de Gobierno de la gobernadora Delfina Gómez Álvarez.

El alcalde acudió al informe del pasado 30 de septiembre y públicamente reconoció los resultados de la gobernadora y el respaldo que, según declaró, su administración ha recibido del Gobierno del Estado de México. 

Hasta ahí, todo normal.

Lo interesante aparece cuando uno observa la trayectoria política del propio alcalde.

Porque hoy se puede hablar del PRI como parte del pasado, cuestionar sus gobiernos y marcar distancia con aquel partido.

Pero existe un pequeño problema:

la propia historia política de Adolfo Solís Gómez está documentada dentro del PRI.

En 2015 fue candidato del Partido Revolucionario Institucional a la Presidencia Municipal de Almoloya de Juárez. Incluso existe documentación del Tribunal Electoral que identifica propaganda electoral de aquella elección con su nombre y el emblema del PRI. 

Entonces la pregunta es inevitable:

¿Por qué algunos políticos tienen tan buena memoria para recordar los errores de sus antiguos adversarios, pero tan mala memoria para recordar de dónde vienen?

EL ÁLBUM FAMILIAR TAMBIÉN CUENTA

Y aquí aparece otro capítulo que merece ser revisado con cuidado.

Diversas publicaciones periodísticas de años anteriores han documentado la participación política de integrantes de la familia Solís Gómez dentro del priismo mexiquense.

Una publicación de 2014 señaló que Blanca Estela Gómez Carmona, madre de Adolfo Solís Gómez, desarrolló una trayectoria política dentro del PRI y ocupó cargos de elección popular. Esa misma publicación relacionó a su esposo, Adolfo Solís, con labores de seguridad durante el gobierno de Arturo Montiel. 

No presento esas referencias como una sentencia ni como una verdad absoluta.

Son antecedentes publicados que merecen ser revisados y contrastados.

Pero hay algo que sí está documentado:

la familia tuvo una presencia política dentro del priismo mexiquense y Adolfo Solís Gómez también hizo carrera política bajo esas siglas.

Posteriormente vino el cambio.

En 2020, publicaciones políticas registraron la incorporación de Blanca Estela Gómez Carmona y de Adolfo Solís Gómez al Partido Verde Ecologista de México. 

Es decir:

PRI, después Verde y posteriormente una estrecha relación política con el proyecto de la llamada transformación.

Y eso, por supuesto, no constituye ningún delito.

En una democracia, cualquier ciudadano tiene derecho a cambiar de partido.

Lo que no puede cambiarse tan fácilmente es la trayectoria pública que ya quedó registrada.

CAMBIAR DE PARTIDO NO ES CAMBIAR DE HISTORIA

Aquí está el punto central de esta columna.

No se trata de defender al PRI.

Tampoco de afirmar que todo lo que hizo ese partido fue correcto.

Y mucho menos de negar que una persona pueda evolucionar políticamente.

Eso es perfectamente válido.

Lo cuestionable sería pretender que la historia comenzó el día en que uno se puso una nueva camiseta partidista.

Porque entonces cualquier político podría decir:

“Yo antes no era yo”.

Y eso, evidentemente, no funciona.

La política no es una película que pueda editarse para quitar las escenas incómodas.

La hemeroteca no permite borrar capítulos.

Y las fotografías tampoco preguntan de qué partido somos hoy.

Simplemente muestran lo que ocurrió ayer.

¿Y QUÉ PASA CON AQUEL PRI QUE HOY SE CRITICA?

La pregunta que queda sobre la mesa para el alcalde es sencilla:

¿Qué cambió: el PRI o usted?

Porque si hoy considera que los gobiernos priistas representan un pasado que debe ser cuestionado, resulta legítimo preguntarle cómo analiza su propia participación política dentro de aquel partido.

¿Fue un error?

¿Fue una etapa necesaria de su formación política?

¿Cambió su manera de pensar?

¿O simplemente cambiaron las circunstancias políticas?

Las respuestas corresponden al propio alcalde.

Y ahí está precisamente la diferencia entre una crítica periodística y una acusación.

Preguntar no es condenar.

Recordar no es atacar.

Y revisar una trayectoria política tampoco significa negar el derecho de una persona a cambiar.

LA POLÍTICA TIENE MEMORIA

Adolfo Solís puede cambiar de partido.

Puede cambiar de discurso.

Puede cambiar de aliados.

Puede defender hoy una causa que ayer veía de otra manera.

Todo eso forma parte de la política.

Pero hay algo que no puede cambiar:

los hechos documentados de su trayectoria.

Porque una cosa es cambiar de opinión.

Otra muy diferente es querer que los demás olviden que alguna vez se pensó diferente.

Y ahí es donde la memoria política se vuelve incómoda.

Porque mientras algunos políticos hablan del pasado como si nunca hubieran formado parte de él, las fotografías, los documentos electorales y las hemerotecas siguen ahí.

Esperando.

Sin gritar.

Sin aplaudir.

Sin militar en ningún partido.

Simplemente esperando que alguien las consulte.

EL ESPEJO POLÍTICO

Quizá por eso esta columna no pretende darle lecciones al alcalde.

Simplemente le coloca un espejo enfrente.

Un espejo construido con documentos, fotografías y antecedentes públicos.

Porque la historia política de un funcionario también forma parte de la rendición de cuentas.

Y si se puede cuestionar el pasado de los demás, también se debe estar dispuesto a responder preguntas sobre el propio.

Así funciona la democracia.

Así funciona el periodismo.

Y así debería funcionar la memoria.

Porque los partidos cambian.

Los gobiernos cambian.

Los discursos cambian.

Los funcionarios cambian.

Pero la historia permanece.

Y cuando alguien intenta esconderla debajo de la alfombra, tarde o temprano aparece una fotografía, un documento o una hemeroteca que dice:

“Aquí estuviste.”

VERDADES, COMENTARIOS Y ALGO MÁS…

La política da muchas vueltas.

Y quienes llevan años caminando por ella deberían saber que cada vuelta deja huellas.

Hoy puede ser conveniente olvidar.

Mañana puede ser necesario recordar.

Pero cuando se trata de la historia pública, la memoria no pertenece al político: pertenece a la sociedad.

Así que, alcalde, antes de repartir calificativos sobre el pasado político de los demás, quizá valga la pena revisar el propio.

No para condenarlo.

No para glorificarlo.

Simplemente para reconocerlo.

Porque cambiar de partido es un derecho.

Cambiar de opinión también.

Lo que no se puede cambiar son los hechos que ya quedaron registrados.

Y ahí termina la opinión…

y comienza la historia.

Chin… se me terminó el espacio. Nos vemos en la próxima.

> “Si el pueblo unido jamás será vencido, los periodistas unidos no volveremos a ser agredidos.”

Recuerden, amigas y amigos: los periodistas no debemos pedir libertad de prensa; debemos exigirla.

No se mata la verdad matando periodistas.

Decir la verdad siempre, aunque sea motivo de escándalo.

Hasta la próxima, mis queridos lectores.

Raúl González Nova

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