Por Raúl González Nova
Almoloya de Juárez, Estado de México.–
Lo que queda del #PRI en el Estado no solo está en ruinas… está en liquidación. Y como en todo remate de segunda, parece que ya comenzaron a repartir hasta las paredes: las oficinas que durante años fueron símbolo del tricolor ahora, según versiones, serían prácticamente “donadas” al Partido Verde Ecologista. Sí, regaladas. Como si fueran propias, como si no representaran la historia —buena o mala— de una militancia que hoy ni voz tiene.
Pero tampoco sorprende. Cuando un partido se vacía de militantes y se llena de oportunistas, lo que sigue no es la reconstrucción… es el saqueo.
Los pocos priistas que aún quedaban en #almoloyadejuárez hicieron lo predecible: unos corrieron a refugiarse en #Morena, y otros —los más “creativos”— se pintaron de verde, creyendo que con cambiar de camiseta también se les borra el pasado. Spoiler: no funciona así.
Y es aquí donde entra el operador de esta tragicomedia política: #AdolfoSolísGómez. Porque si algo le reconocen, es su habilidad para ponerle precio a las lealtades. Donde antes había convicción, hoy hay negociación. Donde antes gritaban traición, hoy aplauden… pero con la mano extendida.
El caso más ridículo —por no decir cínico— es el de #VicenteEstrada y #EdgarTinoco. Ayer despotricaban contra “el chiquillo”, lo acusaban, lo señalaban, lo hacían pedazos en público. Hoy, sin tantita vergüenza, parecen parte de su club de fans. De críticos a aplaudidores en tiempo récord. Ni los camaleones cambian tan rápido.
Aquí no hubo evolución política, hubo rendición. No hubo cambio de ideas, hubo cambio de patrón.
Al final, el mensaje es claro: en Almoloya la política no se transforma… se vende. Y lo más grave no es que cambien de partido, sino que lo hagan como si la gente no tuviera memoria.
Porque mientras ellos se reparten oficinas, cargos y acuerdos en lo oscurito, al ciudadano le siguen vendiendo el mismo cuento… solo que ahora pintado de verde.

Deja un comentario